La mañana comienza con una luz cegadora en el hotel con el servicio de habitaciones más caro del mundo. La medicinal dieta de cerdo de la noche anterior ha asentado nuestros estómagos y nos ha dado renovados bríos. Bajamos por la espléndida escalera de mármol, que aun están pagando a costa de las necesidades alimenticias de los clientes, y desayunamos frugalmente y degustamos la mejor selección de tés de todo el viaje. Rellenamos la anónima encuesta de satisfacción y ante la indignación del camarero por el resultado decidimos cambiar el signo de nuestro voto y decir a todo que excellent. El chófer ya está aborrecido de esperar y es el primer indio del mundo que tiene prisa. Montamos en un Tata Índigo más viejo y menos confortable que el de nuestro añorado Ruj. Pasan las dos horas más suicidas al volante en manos de un novel que a punto está de dejarnos sin tímpanos gracias al perfecto ajuste de los discos de freno del coche, si los lleva. Llegamos justos a Satna y el chófer alucina con la propina y nos deleita con una franca sonrisa mezcla de agradecimiento e incredulidad. Esto es el Zoo y somos Copito de Nieve y Señora. Creo que en cualquier momento nos van a echar bananas, por otra parte del todo recomendables para nuestra flora bacteriana. Menudo espectáculo. Nos rodean sin pudor y nos miran con una curiosidad absolutamente insana. Después de llegar a la plataforma 2 y esperar poco tiempo el tren arriba a la plataforma 3. Montamos en el tren y ...En estos momentos escribo el diario desde él porque pese a que el trayecto a priori era de siete horas ya lo hemos sobrepasado y no quiero dejar pasar la ocasión de contar las cosas en situ. Son demasiadas sensaciones como para permitir que la mala memoria y el olvido se apoderen de ellas. Vamos en la mejor clase del tren, 2AC, una suerte de vagón con un pasillo central, camarotes con cuatro literas a la derecha separados por cortinas y dos literas a la izquierda también sepradas por cortinas. Nuestro camarote es el primero, un señor indio duerme en una de las literas inferiores y en la otra están sentados dos jóvenes japoneses. Las dos literas superiores, la 2 y la 4 son las nuestras. Colocamos las maletas con la ayuda de los japos en una de ellas y nos sentamos como dos gallinas en su palo en la otra. El aire acondicionado lanza más frigorías que azufre el motor de un camión indio y en seguida nos quedamos pasmados. El servicio de catering, dos muchachitos, nos ofrecen la comida y sólo pedimos pulao y roti. Las dos primeras horas pasan sin incidencias y a las tres llega la comida. Ni puto caso como casi siempre, nos traen en recipentes pringosos de porespán el típico plato indio con todo lo que pica además del roti y el pulao. Las mejores invenciones culinarias nacen de la necesidad y no de la creatividad de un soplapollas aburrido con vocación de químico frustrado. Las conservas, las salazones, los ahumados, el secado de los embutidos, todos ellos son fruto de la necesidad. El roti con arroz y paté la Piara, excelencia gastronomica donde las haya, también. Feli ha pasado frío y le entra el canguele, se sale fuera a recuperar temperatura corporal y acepta la invitación de sentarse que el señor de la litera inferior, ahora despierto, me había hecho a mi con anterioridad. Comienza en este momento la primera fase de la fiebre japonesa, las gotitas que caen a través de la pared desde el techo hasta su litera. Las atajan con papel higiénico y comienzan a mostrar un extraño nerviosismo. Ya han pasado cuatro horas y media y llegamos a la ciudad donde el señor indio se apea cediéndonos gentilmente su asiento. Esta parada técnica, que finalmente se alarga hasta las dos horas, supone el inicio de la segunda fiebre nipona y del surrealismo consiguiente. Hacen acto de presencia las cucarachas, no de gran tamaño ni en gran número pero suficiente para poner de los nervios a los vástagos de la nación de los kamikazes y los luchadores de sumo. Estos sólo hubieran podido bombardear Pearl Harbour en un videojuego. Feli haciendo gala del espíritu español les enseña matar a cucarachas una vez que descubren que no son un animal sagrado. Feli las mata por presión, es decir, las chafa de un pisotón y los nipones por ahogamiento, esto es ahogándolas en papel higiénico. Todo ello mientras un tarugo escribe su diario en un netbook, la señora del tarugo relee la guía por enésima vez y los nipones tratan en vano de relajarse a través de la antiquísima ciencia del origami, papiroflexia para los profanos y faena para los funcionarios. Un adolescente indio decide relajar el ambiente y nos deleita con la música de su móvil, Lady Gaga entre otros Tenemos el tren más educado del mundo porque paramos cada diez minutos para dejar que otro tren pase. Es posible que no lleguemos ni al hotel y directamente nos tiren al Ganges. Aprovecho para detallar que las literas son de sky azul con una buenísima cualidad y es que se te duerme el culo antes de diez minutos. El tren vuelve a parar. (Continuará...)
La Vuelta al Mundo en 15 días
El viaje convertido en sueño, el sueño convertido en realidad...
domingo, 29 de agosto de 2010
UN DÍA EN TREN A BENARÉS
Sábado 21 de Agosto.
La mañana comienza con una luz cegadora en el hotel con el servicio de habitaciones más caro del mundo. La medicinal dieta de cerdo de la noche anterior ha asentado nuestros estómagos y nos ha dado renovados bríos. Bajamos por la espléndida escalera de mármol, que aun están pagando a costa de las necesidades alimenticias de los clientes, y desayunamos frugalmente y degustamos la mejor selección de tés de todo el viaje. Rellenamos la anónima encuesta de satisfacción y ante la indignación del camarero por el resultado decidimos cambiar el signo de nuestro voto y decir a todo que excellent. El chófer ya está aborrecido de esperar y es el primer indio del mundo que tiene prisa. Montamos en un Tata Índigo más viejo y menos confortable que el de nuestro añorado Ruj. Pasan las dos horas más suicidas al volante en manos de un novel que a punto está de dejarnos sin tímpanos gracias al perfecto ajuste de los discos de freno del coche, si los lleva. Llegamos justos a Satna y el chófer alucina con la propina y nos deleita con una franca sonrisa mezcla de agradecimiento e incredulidad. Esto es el Zoo y somos Copito de Nieve y Señora. Creo que en cualquier momento nos van a echar bananas, por otra parte del todo recomendables para nuestra flora bacteriana. Menudo espectáculo. Nos rodean sin pudor y nos miran con una curiosidad absolutamente insana. Después de llegar a la plataforma 2 y esperar poco tiempo el tren arriba a la plataforma 3. Montamos en el tren y ...En estos momentos escribo el diario desde él porque pese a que el trayecto a priori era de siete horas ya lo hemos sobrepasado y no quiero dejar pasar la ocasión de contar las cosas en situ. Son demasiadas sensaciones como para permitir que la mala memoria y el olvido se apoderen de ellas. Vamos en la mejor clase del tren, 2AC, una suerte de vagón con un pasillo central, camarotes con cuatro literas a la derecha separados por cortinas y dos literas a la izquierda también sepradas por cortinas. Nuestro camarote es el primero, un señor indio duerme en una de las literas inferiores y en la otra están sentados dos jóvenes japoneses. Las dos literas superiores, la 2 y la 4 son las nuestras. Colocamos las maletas con la ayuda de los japos en una de ellas y nos sentamos como dos gallinas en su palo en la otra. El aire acondicionado lanza más frigorías que azufre el motor de un camión indio y en seguida nos quedamos pasmados. El servicio de catering, dos muchachitos, nos ofrecen la comida y sólo pedimos pulao y roti. Las dos primeras horas pasan sin incidencias y a las tres llega la comida. Ni puto caso como casi siempre, nos traen en recipentes pringosos de porespán el típico plato indio con todo lo que pica además del roti y el pulao. Las mejores invenciones culinarias nacen de la necesidad y no de la creatividad de un soplapollas aburrido con vocación de químico frustrado. Las conservas, las salazones, los ahumados, el secado de los embutidos, todos ellos son fruto de la necesidad. El roti con arroz y paté la Piara, excelencia gastronomica donde las haya, también. Feli ha pasado frío y le entra el canguele, se sale fuera a recuperar temperatura corporal y acepta la invitación de sentarse que el señor de la litera inferior, ahora despierto, me había hecho a mi con anterioridad. Comienza en este momento la primera fase de la fiebre japonesa, las gotitas que caen a través de la pared desde el techo hasta su litera. Las atajan con papel higiénico y comienzan a mostrar un extraño nerviosismo. Ya han pasado cuatro horas y media y llegamos a la ciudad donde el señor indio se apea cediéndonos gentilmente su asiento. Esta parada técnica, que finalmente se alarga hasta las dos horas, supone el inicio de la segunda fiebre nipona y del surrealismo consiguiente. Hacen acto de presencia las cucarachas, no de gran tamaño ni en gran número pero suficiente para poner de los nervios a los vástagos de la nación de los kamikazes y los luchadores de sumo. Estos sólo hubieran podido bombardear Pearl Harbour en un videojuego. Feli haciendo gala del espíritu español les enseña matar a cucarachas una vez que descubren que no son un animal sagrado. Feli las mata por presión, es decir, las chafa de un pisotón y los nipones por ahogamiento, esto es ahogándolas en papel higiénico. Todo ello mientras un tarugo escribe su diario en un netbook, la señora del tarugo relee la guía por enésima vez y los nipones tratan en vano de relajarse a través de la antiquísima ciencia del origami, papiroflexia para los profanos y faena para los funcionarios. Un adolescente indio decide relajar el ambiente y nos deleita con la música de su móvil, Lady Gaga entre otros Tenemos el tren más educado del mundo porque paramos cada diez minutos para dejar que otro tren pase. Es posible que no lleguemos ni al hotel y directamente nos tiren al Ganges. Aprovecho para detallar que las literas son de sky azul con una buenísima cualidad y es que se te duerme el culo antes de diez minutos. El tren vuelve a parar. (Continuará...)
La mañana comienza con una luz cegadora en el hotel con el servicio de habitaciones más caro del mundo. La medicinal dieta de cerdo de la noche anterior ha asentado nuestros estómagos y nos ha dado renovados bríos. Bajamos por la espléndida escalera de mármol, que aun están pagando a costa de las necesidades alimenticias de los clientes, y desayunamos frugalmente y degustamos la mejor selección de tés de todo el viaje. Rellenamos la anónima encuesta de satisfacción y ante la indignación del camarero por el resultado decidimos cambiar el signo de nuestro voto y decir a todo que excellent. El chófer ya está aborrecido de esperar y es el primer indio del mundo que tiene prisa. Montamos en un Tata Índigo más viejo y menos confortable que el de nuestro añorado Ruj. Pasan las dos horas más suicidas al volante en manos de un novel que a punto está de dejarnos sin tímpanos gracias al perfecto ajuste de los discos de freno del coche, si los lleva. Llegamos justos a Satna y el chófer alucina con la propina y nos deleita con una franca sonrisa mezcla de agradecimiento e incredulidad. Esto es el Zoo y somos Copito de Nieve y Señora. Creo que en cualquier momento nos van a echar bananas, por otra parte del todo recomendables para nuestra flora bacteriana. Menudo espectáculo. Nos rodean sin pudor y nos miran con una curiosidad absolutamente insana. Después de llegar a la plataforma 2 y esperar poco tiempo el tren arriba a la plataforma 3. Montamos en el tren y ...En estos momentos escribo el diario desde él porque pese a que el trayecto a priori era de siete horas ya lo hemos sobrepasado y no quiero dejar pasar la ocasión de contar las cosas en situ. Son demasiadas sensaciones como para permitir que la mala memoria y el olvido se apoderen de ellas. Vamos en la mejor clase del tren, 2AC, una suerte de vagón con un pasillo central, camarotes con cuatro literas a la derecha separados por cortinas y dos literas a la izquierda también sepradas por cortinas. Nuestro camarote es el primero, un señor indio duerme en una de las literas inferiores y en la otra están sentados dos jóvenes japoneses. Las dos literas superiores, la 2 y la 4 son las nuestras. Colocamos las maletas con la ayuda de los japos en una de ellas y nos sentamos como dos gallinas en su palo en la otra. El aire acondicionado lanza más frigorías que azufre el motor de un camión indio y en seguida nos quedamos pasmados. El servicio de catering, dos muchachitos, nos ofrecen la comida y sólo pedimos pulao y roti. Las dos primeras horas pasan sin incidencias y a las tres llega la comida. Ni puto caso como casi siempre, nos traen en recipentes pringosos de porespán el típico plato indio con todo lo que pica además del roti y el pulao. Las mejores invenciones culinarias nacen de la necesidad y no de la creatividad de un soplapollas aburrido con vocación de químico frustrado. Las conservas, las salazones, los ahumados, el secado de los embutidos, todos ellos son fruto de la necesidad. El roti con arroz y paté la Piara, excelencia gastronomica donde las haya, también. Feli ha pasado frío y le entra el canguele, se sale fuera a recuperar temperatura corporal y acepta la invitación de sentarse que el señor de la litera inferior, ahora despierto, me había hecho a mi con anterioridad. Comienza en este momento la primera fase de la fiebre japonesa, las gotitas que caen a través de la pared desde el techo hasta su litera. Las atajan con papel higiénico y comienzan a mostrar un extraño nerviosismo. Ya han pasado cuatro horas y media y llegamos a la ciudad donde el señor indio se apea cediéndonos gentilmente su asiento. Esta parada técnica, que finalmente se alarga hasta las dos horas, supone el inicio de la segunda fiebre nipona y del surrealismo consiguiente. Hacen acto de presencia las cucarachas, no de gran tamaño ni en gran número pero suficiente para poner de los nervios a los vástagos de la nación de los kamikazes y los luchadores de sumo. Estos sólo hubieran podido bombardear Pearl Harbour en un videojuego. Feli haciendo gala del espíritu español les enseña matar a cucarachas una vez que descubren que no son un animal sagrado. Feli las mata por presión, es decir, las chafa de un pisotón y los nipones por ahogamiento, esto es ahogándolas en papel higiénico. Todo ello mientras un tarugo escribe su diario en un netbook, la señora del tarugo relee la guía por enésima vez y los nipones tratan en vano de relajarse a través de la antiquísima ciencia del origami, papiroflexia para los profanos y faena para los funcionarios. Un adolescente indio decide relajar el ambiente y nos deleita con la música de su móvil, Lady Gaga entre otros Tenemos el tren más educado del mundo porque paramos cada diez minutos para dejar que otro tren pase. Es posible que no lleguemos ni al hotel y directamente nos tiren al Ganges. Aprovecho para detallar que las literas son de sky azul con una buenísima cualidad y es que se te duerme el culo antes de diez minutos. El tren vuelve a parar. (Continuará...)
miércoles, 22 de julio de 2009
Y ESTA COMPAÑÍA HIZO POSIBLE EL SUEÑO...
Tras ver innumerables catálogos de viaje y las infinitas combinaciones de las alianzas de compañías aéreas encontramos, casi como un milagro, como una señal en el camino, una compañía aérea neozelandesa para la que un billete de ida y vuelta a su país se convertía automáticamente en una vuelta al mundo (gracias a que éste es redondo y al concepto de billete "multistop").
El precio: 1500 €, los destinos Asia, Pacífico y Norteamérica. Todos los vuelos salvo los de conexión a Londres (todo nace en Londres) son con la misma compañía: Air New Zealand con una flota moderna de Boeing y unos estándares de calidad que para sí querrían muchas de las compañías más famosas (sin olvidar que sirven, de manera gratuita, vino de las antípodas en copa de cristal).
Hasta ahora sólo la conocían quienes daban la Vuelta al Mundo con Viajes El Corte Inglés y era difícilmente reservable por un usuario particular. Hasta hoy...
El precio: 1500 €, los destinos Asia, Pacífico y Norteamérica. Todos los vuelos salvo los de conexión a Londres (todo nace en Londres) son con la misma compañía: Air New Zealand con una flota moderna de Boeing y unos estándares de calidad que para sí querrían muchas de las compañías más famosas (sin olvidar que sirven, de manera gratuita, vino de las antípodas en copa de cristal).
Hasta ahora sólo la conocían quienes daban la Vuelta al Mundo con Viajes El Corte Inglés y era difícilmente reservable por un usuario particular. Hasta hoy...
viernes, 12 de junio de 2009
EL GERMEN DEL SUEÑO
Entrados como estamos ya en la treintena, tuvimos la suerte de disfrutar durante nuestra infancia de la eclosión de una de las mejores compañías españolas de animación, BRB Internacional, fundada por Claudio Biern Boyd. Productora de las mejores series de dibujos animados que cabe recordar, como Ruy, el pequeño Cid, David el Gnomo, Dartacan y los tres mosqueperros y por supuesto la culpable de inocular el veneno de la aventura en toda una generación, La Vuelta al Mundo de Willy Fog.

Ese veneno, latente durante la época estudiantil y la posterior de emancipación, ambas épocas de privación económica extrema, despertó hace unos años tras el boom y la globalización de los viajes (democratización sería la palabra). Ese veneno combinado con la droga fatal de la organización del viaje de novios desencadenó en el proyecto más ilusionante de nuestra vida: DAR LA VUELTA AL MUNDO

Ese veneno, latente durante la época estudiantil y la posterior de emancipación, ambas épocas de privación económica extrema, despertó hace unos años tras el boom y la globalización de los viajes (democratización sería la palabra). Ese veneno combinado con la droga fatal de la organización del viaje de novios desencadenó en el proyecto más ilusionante de nuestra vida: DAR LA VUELTA AL MUNDO
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